El año aún huele a nuevo y ya estamos en una pequeña carrera de resistencia por mantenernos más o menos positivos y optimistas. 

A ver cuándo llega el día donde nos acostumbremos y veamos que el año ya no es tan nuevo, sigamos con nuestros desmadres, vicios, mañas, sabotajes, ansiedades y todas esas costumbres que nos dan en la madre. ¿O será que podremos cambiar al menos poquito? ¿Cómo hacerle? 

Lo importante es que siempre hay un nuevo día, una nueva semana, un nuevo mes, un nuevo año. El sol sigue saliendo, el mundo sigue girando. ¿Y nosotros? Sí, son tiempos de la chingada entre pandemia, encierro, falta de trabajo e incertidumbre por todos lados. Pero a final de cuentas TODO CAMBIA, siempre. Sólo que a veces ni lo notamos o cuando nos damos cuenta ya nos agarró desprevenidos el canijo cambio. 

Así como todo cambia, también nos toca cambiar a nosotros. Renovarnos. 

No hay remedios mágicos, fórmulas instantáneas ni gurús que tengan todas las respuestas a cómo carajo hacerle para esa mentada renovación. A cada persona nos toca explorar el camino que nos lleve a vivir cada día de la mejor manera posible.

Si estás leyendo esto, deseo que cada día puedas mantener (al menos por un rato) la sensación y emoción del año nuevo. Y que en esa emoción vayas encontrando tu propio camino para renovarte las veces que lo necesites. 

Renovarse está cabrón, pero no es imposible. 

Que tengas un chingón año.

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